A continuación el show del patetismo…

“Now there’s a look in your eyes… like black holes in the sky”

Y

“de frente lo horrible

hasta hacerlo risible”

A continuación: El show del patetismo.

A continuación: El show del patetismo.

1 note

Sustantivacion de Las chingaderas, que son las que son.

Un hecho terrible:

Dijo. En medio de un despeñadero, al fondo. Hasta abajo, quiero decir. Vuelto loco así de repente; como si hubiera llevado toda la vida calmado:

Un hecho terrible: De pronto se da uno cuenta de que algo salió realmente mal, y que realmente salió mal. Sobre todo que realmente salió mal. Lo natural sería preocuparte por lo primero, darse cuenta que salió realmente mal, hasta que te des cuenta de que realmente salió mal. Quizá sea lo siguiente.

De verdad como si estuviera acostumbrado, aun a pesar de sus más de bastantes años.                  Lo que el tipo no terminaba por comprender era que una cosa y la otra (salir la cosa realmente mal, y realmente salir mal la cosa), no eran una antes que otra. El tiempo anterior, es decir, la ignominia, ¿cómo se comporta entonces? ¿Salen las cosas bien? En su ignorancia reside el hecho de haber ignorado lo pasado y que las cosas llevan realmente saliendo mal desde hace mucho tiempo. La anagnórisis es el tiempo siguiente, justo antes del derrumbe.

Qué digo… como si antes todo se hubiera comportado de manera que sólo salían bien las cosas. Realmente no. Lo terrible de este hecho es que realmente no y realmente salían mal.                           No digo que a cualquiera le pase esto. Pero pasa aquí, a mí. Terrible también la soledad de un despeñadero del que se es víctima.

Lo que el lector no puede apreciar es el tono sarcástico con el que habló. Y es una lástima, porque bien puede creerme a mí, y aceptar que lo dijo en tono sarcástico, pero quién le asegura que no he mentido. Ningún sarcasmo se puede argumentar con sólo decir que lo hubo. Y creer en el sarcasmo, así, por fuera, de boca de quien lo denuncia y de ninguna otra boca, es estúpido. Es decir que el lector nunca podrá comprender con qué actitud tomó el tipo del despeñadero su agnición, y luego, ¡Tras!, una o dos rocas realmente grandes y otras veinte de tamaño regular aunque asesino (sin despreciar el peso de rocas más pequeñas y hasta diminutas, y por supuesto el polvo, con una velocidad de aceleración suficientemente dañina), y finalmente un automóvil compacto le aplastaran la cabeza más de diez veces. Otro turno para la ignominia.